Ir al contenido principal

Modesto homenaje a un señor "made in Vallecas"

 

-          ¿Quién juega, papa?

-          ¡Uh! ¿cómo que quien juega?, ¡ignorante! ¡El Barça y el Madrid! – se indignaba él, fingiendo sentir una ofensa terrible, aunque sólo era un teatrillo que le gustaba hacer, pues ya tenía conciencia de nuestra ignorancia en casa (e indiferencia) con respecto al deporte rey… el pobre, en ese sentido, debía de sentirse un poco solo…

-          Y esto… es el segundo tiempo, ¿no?

-          Quedan cinco minutos para que acabe el primer tiempo, en el descanso te dejo ver lo que quieras.

-          ¿¡El primer tiempo!? ¡Qué horror! – decía yo, iniciando la retirada a mi cuarto

Este era un intercambio típico entre mi padre y yo en los días de fútbol, cuando todavía yo no había abandonado el nido…

Mi padre. Mi padre es una persona de gustos sencillos que siempre intenta disfrutar con las cosas pequeñas de la vida, como su partidito televisado de fútbol. Con su bocadillito para cenar y su cervecita sin alcohol, todo preparado por mi madre. Pues mi padre sabe hacer muchas cosas, pero no sabe hacerse la cena. En su sofacito como un rey, una costumbre adquirida desde, por lo menos, 1980.

Mi padre, que se llama Vicente, tiene ahora sesenta y nueve años y lleva ya unos cuantos jubilado. Se prejubiló con cincuenta y pico años, todavía joven, pues se lo ofrecieron en el banco en el que había trabajado casi toda su vida y, dado que se sabía necesario en casa, cogió el dinero y corrió.

Se ha convertido en un jubilado que se ocupa de llevar a médicos y a toda suerte de terapeutas a mi madre y mi hermana. Es el chófer de la familia, como le gusta decir a él. Además dedica con amor otra gran parte de su tiempo a cuidar de su nieta, mi sobrina, y a jugar con ella (extenuado pero feliz). Otra parte de su tiempo de jubilado la dedica, con algo menos de amor, a hacer la compra, o en sus propias palabras, “la puta compra”, pues es esta una actividad que no sólo le aburre, sino que le pone de un humor de perros.

La compra, sin embargo, era una cosa que a mí me encantaba de pequeña hacer con él. Nos íbamos a un supermercado en Madrid que, por alguna razón que no recuerdo, él llamaba “la catequesis”. Me encantaba hacer la compra con mi padre, entre otras cosas, porque me dejaba comprar las cajas de Kellogs suficientes como para poder conseguir el Pequeño Pony que ofrecían cuando les enviabas por correo los seis puntos, conseguidos en cada caja, a algún código postal de Barcelona. Mi madre nunca me dejaba comprar tantas cajas. Mi padre alimentaba mi ilusión. En aquel momento, a mis nueve años, ir con mi padre a hacer la compra a aquel supermercado era una idea de ocio bastante aceptable para mí.

Había otras cosas, sin embargo, que a mis hermanas y a mí nos deprimía profundamente hacer con mis padres, como, en palabras de mi hermana la mediana, “ir a dar aquellos largos y aburridos paseos” por la Avenida de la Ilustración. Siempre, cuando volvíamos a casa y veíamos en el parque a Arancha, Virginia, Débora, o cualquiera de nuestras amigas, se nos llenaba el alma de emoción y nos sentíamos liberadas. Pero a mi padre siempre le gustó tener a las ovejitas en el redil, por un lado para pasar tiempo con nosotras, lo que es de agradecer, y por otra parte, por un ligero afán de control que todavía conserva y que algunas de sus hijas hemos heredado…

Mi padre con la edad se ha ido haciendo a mis ojos un calvito entrañable y redondito, con manos arrugadas de señor mayor y gafitas, que le hacen tener ese aire de abuelito. Esas gafas que le hacen los ojos ligeramente más grandes. Todas estas cualidades del mundo físico que son coherentes con lo que de verdad es, una persona amable, pero amable no en el sentido de “maja”, sino amable en el sentido de “ser digna de ser amada”. Y digo esto porque esta coherencia no siempre se cumple. Hay viejos que parecen muy entrañables, con todas estas cualidades físicas de las que hablo, pero que luego son tremendos hijosdeputa.

-          ¡Gooooooooooooooooool! – gritó emocionado mi padre. Había marcado Cristiano Ronaldo y mi padre estaba contento, no porque ganase el Madrid, sino porque había perdido el Barça.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Carta a Robe Iniesta

Buenas noches Robe: Tengo recuerdos de ti desde 3º de BUP, vaya, desde los dieciséis años, aunque sé que tu trayectoria comenzó mucho antes. Pero para mí comenzaste a existir cuando comencé a escuchar por ahí el “So payaso” y el “Jesucristo García”, que parecía ser una especie de himno, que asocio a mis primeros calimochos y una gran sensación de enrarecimiento en el cuerpo y en la mente, dicen que propia de la adolescencia, que a veces vuelve o realmente es que nunca se fue del todo. Después cobraste mucha fuerza cuando despertaba en casa de mi no novio de los veintiún años y desayunábamos los cereales de su compañero de piso contigo de fondo, con tu cd “Yo, minoría absoluta”. Vaya por delante que cuando regresé a Madrid me compré ese disco, pero he de decir que me producía una mezcla extraña de asociaciones emocionales: nostalgia, amor, decadencia, y hasta diría que un poco de enfermedad mental… El año pasado, en una subasta del día de los enamorados, en la que regalé todos los o...

EL COMBATE

Ya al entrar en aquella sala el aire le pareció un poco cargado, de tal forma que lo primero que buscó con la mirada fueron las ventanas del lugar y la puerta, girándose de nuevo hacia la puerta de entrada, como para verificar que era posible una salida rápida de allí. Se forzó a seguir a aquel señor tatuado a través de la tarima, que sus pies descalzos evaluaron con bastante alivio como un suelo blando, apto para tipos blandos… en fin, ¿qué hacía él ahí? Daba miedo mirar a aquellos tíos en calzoncillos, unos saltando a la cuerda a toda velocidad, otros haciendo sombra y otros más haciendo sparring , protegidos detrás de sus guantes y sus bucales, que les ofrecían un aspecto más temible si cabe… Sabía que no era su sitio, que él en realidad donde tendría que estar es en la biblioteca, el único sitio en el que sabía que no entrarían ellos… -           ¡Chaval! ¡Oye chaval, que te me despistas! -        ...

Las cosas que amo

He amado a muchos chicos, lo merecieran o no.  Amo la playa, sobre todo mi playa, en Almería. Amo la música. La música auténtica, la que no pasa de moda. Amo esos platos naranjas transparentes y viejos que me regaló en su momento mi madre. Me gustan mucho más que los nuevos comprados en Zara Home. Tienen más historia y más alma, los recuerdo desde siempre. Me dan una sensación de hogar. Lo mismo me pasa con las retransmisiones de fútbol en la tele, no me gusta el fútbol, pero escuchar a los comentaristas a lo lejos mientras me hago la cena me reconforta, me da una sensación de hogar, porque me recuerdan a mi padre (a pesar de que, cuando vivía con ellos, cuando había fútbol me parecía un fastidio…). Y luego amo lo típico: el olor a tierra mojada después de llover (o de asfalto mojado, también me vale). El meterme en la cama en un día frío y taparme con un pesado edredón con manta a la vez que dejo escapar un ruidillo de satisfacción (así: “hehehe…”). Me gu...