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EL COMBATE

Ya al entrar en aquella sala el aire le pareció un poco cargado, de tal forma que lo primero que buscó con la mirada fueron las ventanas del lugar y la puerta, girándose de nuevo hacia la puerta de entrada, como para verificar que era posible una salida rápida de allí. Se forzó a seguir a aquel señor tatuado a través de la tarima, que sus pies descalzos evaluaron con bastante alivio como un suelo blando, apto para tipos blandos… en fin, ¿qué hacía él ahí? Daba miedo mirar a aquellos tíos en calzoncillos, unos saltando a la cuerda a toda velocidad, otros haciendo sombra y otros más haciendo sparring, protegidos detrás de sus guantes y sus bucales, que les ofrecían un aspecto más temible si cabe… Sabía que no era su sitio, que él en realidad donde tendría que estar es en la biblioteca, el único sitio en el que sabía que no entrarían ellos…

-          ¡Chaval! ¡Oye chaval, que te me despistas!

-          Ssí… perdón…

-          ¡Nada hombre! Te estaba preguntando que por qué te has decidido a apuntarte a esto…

-          En realidad… es una buena pregunta, perdóneme usted, creo que me he equivocado… - Se giró y se abrió paso corriendo entre aquellos tipos sudados, musculosos y llenos de tatuajes que, si querían, le podían aplastar con facilidad como si de una cucaracha se tratase. No sabía en qué estaba pensando cuando decidió entrar ahí; cualquiera de aquellos tipos se reiría de él en cuanto tuviera que parar al segundo salto para coger el Ventolín y recoger sus gafas de empollón del suelo… y no, de verdad que no podría aguantar ser un puto perdedor en otro nuevo escenario…

-          ¡Oye chaval! - Le gritó y se acercó a él de un salto, agarrándole del brazo. – Te llevo viendo merodear por mi gimnasio día sí y día también, y ahora que por fin te decides a entrar, te escapas como una nenaza, y quiero saber el por qué. Joder, perdona lo de nenaza, no quería ofenderte macho, pero es que la verdad es que te veo y…, ¿cómo te llamas, por cierto?

-          Raúl, señor…

-          ¡Que no me llames señor, hostias!, ¡tú trátame como a un colega! Pero sin pasarte con las confianzas, tampoco te vayas a venir arriba. Pero que no estamos en el puto Vietnam, joder. Yo me llamo Javi, por cierto.

-          ¿¡¿Vvale?!? –asintió, sintiéndose tan desubicado como aquella vez que le obligaron a entrar en los recreativos del barrio.

-          Mira Raúl, yo no te voy a obligar a nada. Yo sólo quiero que le des una oportunidad a esto. Quiero que te vendes las manos, te calces estos guantes que yo te voy a prestar y que sigas mis instrucciones. Son muy sencillas, hasta para un empollón como tú. Tú no te preocupes ni del Piti ni de ninguno de estos desgraciaos… no eres el primer empollón al que me espantan. Tú ocúpate del saco, que del Piti ya me encargo yo. Te doy mi palabra de que esos a ti no te tocan. A ver si te crees tú que yo les voy a dejar a esos cabronazos que me hagan perder clientela…

-          Gracias… aún así… me da un poco de miedo el combate….

-          Olvídate del sparring, al menos por ahora. Yo no pido a mis alumnos jamás que den un paso para el que no estén preparados. Venga, ahora déjate de mariconadas, macho, y ponte a currar – dijo lanzándole de improviso los guantes a la cara y dándole varias palmaditas cariñosas en la espalda que casi lo incrustan en la pared…


Comentarios

  1. Me encanta el estilo informal y moderno. Desde el principio me he enganchado, yo, que soy más de números y casi nunca me engancho a ningún libro. Me ha parecido que Sabina podría contratarte para que le escribas una canción. Eres una artista.

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