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Carta a Robe Iniesta

Buenas noches Robe:

Tengo recuerdos de ti desde 3º de BUP, vaya, desde los dieciséis años, aunque sé que tu trayectoria comenzó mucho antes. Pero para mí comenzaste a existir cuando comencé a escuchar por ahí el “So payaso” y el “Jesucristo García”, que parecía ser una especie de himno, que asocio a mis primeros calimochos y una gran sensación de enrarecimiento en el cuerpo y en la mente, dicen que propia de la adolescencia, que a veces vuelve o realmente es que nunca se fue del todo.

Después cobraste mucha fuerza cuando despertaba en casa de mi no novio de los veintiún años y desayunábamos los cereales de su compañero de piso contigo de fondo, con tu cd “Yo, minoría absoluta”. Vaya por delante que cuando regresé a Madrid me compré ese disco, pero he de decir que me producía una mezcla extraña de asociaciones emocionales: nostalgia, amor, decadencia, y hasta diría que un poco de enfermedad mental… El año pasado, en una subasta del día de los enamorados, en la que regalé todos los objetos de no novios y amantes, se lo regalé a una compañera, porque, aunque lo compré yo, seguía recordándome a mi primer no novio, y había que hacer espacio mental para cosas nuevas…

Lo que te he dicho hasta ahora no es exactamente un cumplido… He de decir que en todos estos años, creo que en la década de los dosmil, descubrí tu proyecto Extrechinato y tú, con Fito Cabrales y Manolo Chinato, a quienes también admiro, y otros temas sueltos no sé muy bien si tuyos en solitario o con Extremoduro, y ahí empecé a pensar que tú eras el típico tipo duro pero a la vez sensible que a mí me encanta y me hace polvo a la vez (perdóname, porque en realidad yo no te conozco de nada, seguramente estoy proyectando sobre ti mis propias movidas… pero esto es lo que me evocas… soy consciente de la superficialidad de lo que digo). Y sobre todo, empecé a verte como un poeta. Y este verano descubro con enorme gratitud tus trabajos en solitario “Lo que aletea sobre nuestras cabezas” y “Destrozares, canciones para el final de los tiempos”. Me pasa con ellos que los escucho todos los días y de principio a fin, con una sensación bastante parecida a enamorarte de alguien y querer seguir profundizando en ese alguien todos los días. Y esta sensación, en esta época en la que tenemos “input” audiovisual de todo tipo y a todas horas y perfectamente accesible, es algo complicado de conseguir; o, al menos a mí, me cuesta enamorarme de esa forma. Tu música y tus letras me generan una emoción similar a la que siento con gente como Sabina o Chavela Vargas, por poner un ejemplo de gente que me emociona. Y esto sí, creo, que es un cumplido.


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