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Mostrando entradas de agosto, 2020

Carta a Robe Iniesta

Buenas noches Robe: Tengo recuerdos de ti desde 3º de BUP, vaya, desde los dieciséis años, aunque sé que tu trayectoria comenzó mucho antes. Pero para mí comenzaste a existir cuando comencé a escuchar por ahí el “So payaso” y el “Jesucristo García”, que parecía ser una especie de himno, que asocio a mis primeros calimochos y una gran sensación de enrarecimiento en el cuerpo y en la mente, dicen que propia de la adolescencia, que a veces vuelve o realmente es que nunca se fue del todo. Después cobraste mucha fuerza cuando despertaba en casa de mi no novio de los veintiún años y desayunábamos los cereales de su compañero de piso contigo de fondo, con tu cd “Yo, minoría absoluta”. Vaya por delante que cuando regresé a Madrid me compré ese disco, pero he de decir que me producía una mezcla extraña de asociaciones emocionales: nostalgia, amor, decadencia, y hasta diría que un poco de enfermedad mental… El año pasado, en una subasta del día de los enamorados, en la que regalé todos los o...

Historias de Tokio

En estos días de estudio espartano, soledad confinada, amantes que no aman y ausencia de mar; en estos días en que me siento un poco “Eleanor Rigby”, me reconforta mucho ver una serie de Netflix que yo diría que se sale bastante de la cultura dominante. Es una serie japonesa de 2016 que se llama “La cantina de medianoche”. Esa cabecera con imágenes de Tokio visto desde arriba y música nostálgica, esa presentación con la voz del personaje principal, el dueño del bar, me han atrapado desde el principio. En el contexto de la cantina se presentan las historias de todo tipo de personajes de la vida: una oficinista que teje jerséis para los hombres de los que se enamora, un actor porno que guarda una carta de una actriz porno con la que actuó hace veintitrés años, un hombre que encuentra a su hermanastro después de casi una vida entera de haberle perdido la pista… Todas estas historias están contadas en torno a un plato, en cada capítulo un plato diferente, que de alguna manera vehicula las ...

Gymnopédies

  Hoy, 11 de agosto de 2020, cuando hago el enésimo intento de ponerme a trabajar, pongo de fondo la música de Erik Satie, que le viene como anillo al dedo a esta tarde lluviosa y para mí algo nostálgica. Una tarde en que necesito cuidar de mí misma. Y me vienen recuerdos que tengo claramente asociados a esta música. El primero, cuando estuve con aquel chico sin el cual pensé que la primavera no tenía ya sentido para mí. Él me la enseñó y recuerdo haber llorado aquella vez que la escuchamos juntos. Una vez pensé que este chico podía haberme querido, y quizá a su manera lo hizo, pero después me hirió al no apoyarme y mostrar en su comportamiento resquicios del más rancio patriarcado. Finalmente, comprendí que las cosas estaban bien tal y como terminaron. Sin embargo, no pude volver a escuchar esta música hasta varios años después, en concreto, cinco años después…                 …en 2012, año en que traba...